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Es bueno guardar reposo?

Guardar reposo supone una opción terapéutica ante muchos problemas. Sin embargo, no sabemos en qué situaciones está bien llevarlo a cabo, y en cuales supone un empeoramiento de la sintomatología.

En otras ocasiones, se pauta el reposo aunque no esté totalmente indicado. En este post queremos aclarar cuando se recomienda guardar reposo y cuando no se recomienda realizarlo, puesto que existan mejores alternativas terapéuticas.

¿Cuándo si debemos guardar reposo?

Bajo mi criterio, el reposo  está indicado sobre todo en casos en los que exista un periodo de cicatrización y/o regeneración ósea, como son los casos de fracturas (completas o parciales, también llamadas fisuras), roturas musculares completas, roturas tendinosas, procesos postquirúrgicos, y en procesos inflamatorios agudos.

En las roturas musculares, se recomienda guardar reposo sobre todo en los primeros estadíos de la patología, ya que habrá una fase inflamatoria aguda, que hará que el movimiento genere dolor y una respuesta inflamatoria refleja.

En cuanto a las fracturas, el reposo (tras comprobar a través de radiografía que las piezas óseas están perfectamente alineadas) nos ayudará a favorecer la formación del callo óseo.

Sin embargo, me gustaría resaltar un aspecto. Reposo no significa que no podamos actuar ante la patología. Se podrá continuar aplicando analgesia local, a través de frío, arcilla roja para efecto de drenaje.

Cuándo no aplicar más reposo

Existen muchas otras ocasiones en las que el reposo no está indicado. Analicemos el  por qué. Uno de los casos más frecuentes son las tendinopatías, sobre todo en aquellas que afectan a alguna musculatura del hombro, como puede ser el manguito rotador, un síndrome subacromial o un problema en la porción larga del bíceps.

Cuando inmovilizamos con un cabestrillo la articulación, estamos provocando una disminución de la circulación, del metabolismo y como consecuencia una atrofia de la zona. Un tendón que tiene peor vascularización tendrá como consecuencia una mayor dificultad para reabsorber el exudado inflamatorio. Además, habrá riesgo de retracción de la cápsula articular, pudiendo generar un cuadro de hombro doloroso o congelado. Otro de los casos frecuentes es el esguince de tobillo.

Cuando sufrimos un esguince de tobillo, la pauta que debemos seguir es la aplicación del protocolo cricer, siglas de las palabras  crioterapia, inmovilización, compresión, elevación y reposo. Este reposo lo mantendremos durante las primeras 72 horas, pero nunca se inmovilizará con un yeso los esguinces de grado uno y dos.

Además, este reposo irá acompañado de la aplicación de frío local cada 3-4 horas y de la elevación del miembro afectado. A partir de las 72 horas, comenzaremos a realizar ejercicios de movilidad suave, ejercicios de propiocepción en descarga como será dibujar con la planta del pie en el suelo las letras del abecedario, para reeducar la sensibilidad e inteligencia del pie.

Con información de
https://www.fisioterapia-online.com

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