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Masaje facial en 11 pasos

Recibir un masaje facial es una de las sensaciones más relajantes y tranquilas que existen. Además, este tipo de masaje mejora la circulación sanguínea del rostro, elimina o reduce las tensiones acumuladas y, al movilizar los tejidos de la piel, también es una buena manera de rejuvenecerla y hacer que luzca más firme y tersa. Los masajes faciales se pueden hacer de manera autosuficiente, pero lo ideal es que nos lo haga otra persona para, así, relajarnos y disfrutar del momento al máximo.

Necesitarás:

  •  Aceite (según el tipo de piel).

En primer lugar, debes saber que para dar un buen masaje facial lo mejor es usar aceites en lugar de cremas, ya que estas acostumbran a ser más grasas y no ofrecen el mismo resultado. Así, se debe elegir, sobre todo, un aceite que sea compatible con el tipo de piel del paciente y que contenga propiedades nutritivas e hidratantes para mejorar su apariencia.

La persona que recibe el masaje debe ponerse una diadema o un pañuelo para apartar los cabellos de la frente y dejar la cara completamente despejada. De lo contrario, el masaje no será cómodo ni placentero.

Antes de empezar a dar el masaje facial, vierte unas gotas del aceite seleccionado en la yema de tus dedos y frota ambas manos para calentarlo ligeramente. Seguidamente, aplícalo sobre la cara del paciente realizando suaves caricias en zonas como la barbilla, las mejillas y la nariz.

Después de dar varias caricias en toda la cara del paciente, debes empezar a masajearla. Para hacerlo correctamente, desliza la yema de tus dedos sobre su cara, iniciando desde la barbilla y ascendiendo hasta llegar a a frente. El modo de hacerlo consiste en empujar la piel de manera suave hacia arriba pero con firmeza.

El siguiente paso consiste en dar pequeños pellizcos entre las cejas con los dedos pulgar e índice. Se trata de una zona en la que generalmente se acumula mucha tensión, y con este movimiento se logra liberarla y relajar al paciente.

La siguiente zona a tratar es la nariz. En esta área, hay que separar las distintas líneas de expresión con los dedos índices y empujar la punta de la nariz, sosteniéndola firmemente. Finalmente, tienes que hacer pequeños movimientos circulares con la yema de tus dedos desde la parte superior del puente de la nariz hacia abajo y hasta llegar a las fosas nasales.

El masaje facial debe continuar con la zona de los ojos. Aplica una ligera presión justo debajo de estos con los dedos anulares y hazlo desde dentro hacia fuera. Aconseja al paciente que respire profundamente justo cuando vayas a empezar con este movimiento y que saque el aire cada vez que sienta que ejerces presión.

Cuando hayas finalizado el masaje en los ojos, céntrate en su mandíbula.En esta zona, tienes que hacer un movimiento de succión usando tu dedo pulgar y el lado de tu dedo índice. En este caso, el sentido del movimiento va desde el interior hacia el exterior de la cara. Puedes aplicar la misma técnia en el cuello. Cuando hayas finalizado, el paciente debe estirar los músculos de su boca, abriéndola ligeramente y moviéndola hacia todos lados.

La siguiente área es la que se sitúa entre la mandíbula y las mejillas. Realiza unos pellizcos rápidos y cortos en esta zona para hacer que la sangre se dirija a esta parte de la cara y se reactive así la circulación.

Una vez masajeadas las distintas partes de la cara, debes hacer el movimiento de tecleteo. Este consiste en simular el movimiento que se hace al toca un piano, es decir, dar pequeños y suaves golpes en la cara con la yema de los dedos y de manera alterna.

Para finalizar el masaje facial, acaricia de nuevo las distintas zonas de la cara y del cuello y, de forma progresiva, ve reduciendo la fuerza e intensidad de los movimientos.

Con información de https://belleza.uncomo.com

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